Nuestro lenguaje

Me gusta así.
Como si no pasara nada.
Como si mirarme sólo implicara mirar.
Y pasar, agarrarme en un descuido y sujetarte fuerte. En mis costillas. Como cuando pasa.
Como lo que está pasando todo el rato. Como si no pasara nada para los demás.
Como si en tu mirada no se viera un vámonos.
Y agarrarte la mano en un descuido.
Sí, vámonos. Y hagámoslo fuerte.

••

Nunca vuelvo.
Pero puede que tú te hayas perdido. Que en tu camino buscando aquello que tengo para ti y nunca te di, decidieras probar otros caminos.
Porque irse sin atreverse siempre fue más fácil.
Porque qué vértigo esa altura.
Pero te he encontrado de nuevo.
Has vuelto sobre tus pasos para recorrer otra vez este camino. Quieres celebrar nuestra vuelta y yo no puedo.
Recuerda siempre que yo nunca vuelvo. Si estoy ahora aquí es porque nunca me he ido.

Sólo quiero ser mía.

Sólo quiero ser mía. Pero.

Los tacones. Deberías tener hijos pronto. Qué puta eres. Alquílame tu vientre. Enseña un poco más. Calladita estás más guapa. ¿Cómo te va a violar tu novio?

Piernas cruzadas. Gorda. Volver sola a casa. Ponte el velo. Si vas con ese escote, ¿a dónde quieres que mire?

La mujer de. Ponte guapa para él. Tú a fregar. Eres una estrecha. Demasiado delgada. Depílate. Lo iba pidiendo a gritos. Mandona, ¿qué se habrá creído?

Acoso callejero. Disney como doctrina. Salarios más bajos. Cosificación. Autocosificación.¿Embarazada? Despedida.

Silencio cómplice.
Denuncia.
No estás sola.
Se ha muerto mientras la han matado.

Casi 3 mujeres asesinadas a la semana en lo que va de año, una violación cada 7 horas y aún te dicen eso de “no soy feminista ni machista”. Curioso. Si no apoyas la teoría de la igualdad y declinas la de la superioridad, ¿estás oficialmente en los mundos de Yupi?

Si miramos hacia otro lado, si normalizamos comportamientos abusivos en su forma física, verbal, psicológica y laboral contra nosotras; si pasamos por alto la violencia machista, comenzamos a formar parte del problema.

Nos pagan menos pero, al menos, tenemos trabajo. Nos pegan porque algo hemos hecho mal o, con suerte, sólo tienen un mal día. Nos violan porque les hemos provocado. Y no nos acosan verbalmente, sólo son cumplidos, loca. Loca del coño, por supuesto.

Pero no.

Nos pagan menos porque nos consideran menos válidas. Porque nos prefieren en casa.
Nos agreden porque nos creen suyas y, como parte de su propiedad, estamos sometidas a ellos.
Nos violan porque nos han cosificado.
Y nos piropean desagradablemente por la calle, buscando humillarnos y reafirmar su control sobre nosotras. ¿O creéis que los de los “cumplidos” esperan que tras su berrido os deis la vuelta y os lancéis a sus brazos? No, nos están diciendo todo lo que pueden hacernos sin que podamos rechistar.

Pero hay formas de evitarlo. En la educación. En tu casa. En la escuela. En el parque. En la legislación. Con tus ojos bien abiertos y tu boca nunca cerrada.
Nunca es demasiado pronto para educar en igualdad real.

No miremos hacia otro lado. Lo que da miedo no es el feminismo. Lo que da miedo, es un país en el que una huelga de hambre de mujeres que luchan por la reforma de una ley inútil que las desprotege, no abra los telediarios. Lo que da miedo es la ausencia de debate sobre la violencia machista entre el Gobierno y la oposición. Lo que da miedo son las 21 mujeres asesinadas lo que va de 2017 en España y que algunos hoy se estén aún preguntando por qué el Día de la Mujer.

No estamos de celebración. Pero nos queremos. Y nos queremos vivas y libres.

Mis costuras.

Estoy hecha de momentos que no conoces.

Cosida en hilo que se anuda en las punzadas para evitar romperse y que nunca corta si no muerdes.

Hilo de mil colores que a veces brota lana que algún gato quiso arañar.

Estoy hecha de días de sol. De lápices sin afilar. De mensajes en tela que chillan fuerte en mi nombre.

Me cosí en púrpura en un intento de manar luz en la oscuridad.

Estoy hecha de aquella niña que se sentaba en las alturas y observaba anonada a la gente sin juzgar.

Estoy hecha de kilómetros y milímetros. De agua dulce. Cosquillas en la cama. Bebidas rojas. Y noches de estrellas.

Y mis costuras aprietan fuerte, pero siempre van flojas para los demás.

Estoy hecha de trozos de tiempo prestados, de otras historias.

Y me he cosido cremalleras para que sea tan fácil salir como entrar.

Mejor no deshacerme.

Crayones naranjas.

¿Te acuerdas? Hubo un día que casi fuimos.
De esas noches que me empeñé en llenar de cicatrices, de huellas que no curan, de esas que intentaste sanar y yo no quise.
¿Te acuerdas?
Hay cosas que no recuerdas.
Momentos que se nos pasaron sin pasar. Que no fueron.
Como el sí a tiempo, que se perdió entre tantos días y sus noches por mi manera de querer y callar.
Te hubiera abrazado en dos segundos con un mundo entre mis manos. Para las tuyas. En dos segundos nada más.
Y tocarte.
Pero me he empeñado en pintar de naranja este miedo y no enfrentarlo. Entro de puntillas y me hiero igual. Consecuencias de no querer dejar que ocurriera lo que ya era, supongo.
Y sí, ya era, ya es.
Y lo siento por sentirlo tarde. Ahora.
Ahora que estás lejos, es.
Y cuando estabas cerca también era y no quise demostrártelo. Y cuando te tengo a cachitos sigo usando crayones naranjas para no traspasar.
Y me arrepiento mientras pinto. Mientras te dejo ir.
Pero, ¿te acuerdas? Te dije una vez ‘te quiero’ y cuando lo digo siempre es cierto aunque lo tiña de colores que no te dejen sentirlo más. Aunque sea fría. O intente disimular.
Yo no sabía qué buscaba hasta que te encontré y te dejé ir. Y ahora huyo entre letras, creyendo valor escribir esto aquí y no a ti.
Me voy con el consuelo de que nunca te he merecido y con el dolor de que no sepas que he sentido así.
Me voy con lo peor que he escrito nunca y lo más real.
Te dejo sitio en mí para siempre, para si quieres, algún día, podamos re-sentir sin resentirnos.

Te echo y ya nunca más de menos.

Quedo aquí los silencios.

Y tu presencia cargada de ausencias.

Dejo aquí tus palabras llenas de nada, fingiendo disfraces como segunda piel.

Te devuelvo el fraude de tu complicidad y dejo aquí, por última vez, un verso a quien nunca supo quererme mejor que yo.

Me voy con mis lápices gastados y mis manos exhaustas de agarrarte.

Me quedo en mis cuadernos llenos sólo de mí, lejos de apariencias inútiles, de querer que creas que no sentí nada por ti. De aguantar tu frío inaguantable, de tus idas y venidas y tu exagerada manera de refugiarte en ti.

Te echo y ya nunca más de menos.

Te has quedado fuera de mí.