Yo confieso.

Culpable de haber amado a alguien que nunca supo amar a los animales.

Culpable de haber creído que sabría amar bien a los humanos.

Culpable de entregarle mi piel a quien pone cuerdas a la libertad y castiga lo salvaje.

Fusta en mano, golpe a tierra.

Te adormece.

Nunca te marca, pero deja en tus ojos cansados su huella.

Culpable de querer salvarle.

De consentirle.

De culparme.

Culpable de sentir queriendo.

De sonreírle aquella tarde.

Culpable de dejarme ser suya.

Culpable por inocente.

Culpable por no soltarme.

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Lo que fuimos.

Yo quise, pero no supiste.

Me pasé horas contigo fabricando recuerdos, guardándome tus venas conmigo.

Te acaricié tantas veces el latido.

Aprendí a escuchar. De repente sólo sonabas tú.

Cuánto calor y qué poco ruido.

Fuimos igual todo el tiempo.

Silencio y miradas impacientes de llegar a las manos.

Lo que hicieron esas manos entre los pasillos.

Fuimos dos idiotas con miedo y mucho ego.

Con mentiras que tapaban lo que sentíamos.

Con reproches y castigos.

Hicimos una vida en cuatro días.

Y nos dolimos.

 

Nunca igual.

¿Sabes qué?

Hubiera sido feliz sin esta historia.

Hubiera sido feliz aunque no lo hubiera dejado ser aquella tarde.

No entregándome aquella noche.

Ni la siguiente.

Ni la otra.

Ni todas las que vinieron después.

¿Sabes qué?

Ya había sonreído aquel día justo antes de que se cruzaran nuestras miradas. Y había encontrado ojos en los que perderme mucho antes que en ti.

Pero nunca igual.

Nunca nadie igual.

Nunca nadie me abrigó un verano.

Nunca nadie me abrazó hasta estallarme los huesos.

Nunca nadie me besó por primera vez como si no hubiera habido más veces, como si no fuera a haberlas más.

Ninguna mano encajó nunca con la mía igual.

Y aunque suene a tópico, no, tampoco nadie me hizo nunca el amor igual. Aunque siempre acabara en sexo, vaivén y sudor. Siempre empezaba siendo amor.

Y ahora que sabemos que todo esto ya no más, ¿sabes qué?

Sí.

Hubiera sido feliz sin ti. Pero nunca igual.

Cobarde.

Te pasas la vida esperando que llegue ese día y el día menos pensado pasa él cargado de cosas, sacando mariposas de entre los huecos de sus dedos.

Y te guardas el feminismo un ratito. En un cajón sin encajar, para mirarlo de reojo y comprobar que sigue ahí, esperando que lo recojas y te lo lleves puesto cada día. Como antes. Cuando todo era más fácil detrás de este muro. Cuando tu discurso era tu vida. Cuando no tenías sitio para esos ojos.

Pero no.

Para eso también hay que ser valiente. Y yo ya no lo soy.

Me han vencido tus heridas.

Nuestro lenguaje

Me gusta así.
Como si no pasara nada.
Como si mirarme sólo implicara mirar.
Y pasar, agarrarme en un descuido y sujetarte fuerte. En mis costillas. Como cuando pasa.
Como lo que está pasando todo el rato. Como si no pasara nada para los demás.
Como si en tu mirada no se viera un vámonos.
Y agarrarte la mano en un descuido.
Sí, vámonos. Y hagámoslo fuerte.

••

Nunca vuelvo.
Pero puede que tú te hayas perdido. Que en tu camino buscando aquello que tengo para ti y nunca te di, decidieras probar otros caminos.
Porque irse sin atreverse siempre fue más fácil.
Porque qué vértigo esa altura.
Pero te he encontrado de nuevo.
Has vuelto sobre tus pasos para recorrer otra vez este camino. Quieres celebrar nuestra vuelta y yo no puedo.
Recuerda siempre que yo nunca vuelvo. Si estoy ahora aquí es porque nunca me he ido.

Sólo quiero ser mía.

Sólo quiero ser mía. Pero.

Los tacones. Deberías tener hijos pronto. Qué puta eres. Alquílame tu vientre. Enseña un poco más. Calladita estás más guapa. ¿Cómo te va a violar tu novio?

Piernas cruzadas. Gorda. Volver sola a casa. Ponte el velo. Si vas con ese escote, ¿a dónde quieres que mire?

La mujer de. Ponte guapa para él. Tú a fregar. Eres una estrecha. Demasiado delgada. Depílate. Lo iba pidiendo a gritos. Mandona, ¿qué se habrá creído?

Acoso callejero. Disney como doctrina. Salarios más bajos. Cosificación. Autocosificación.¿Embarazada? Despedida.

Silencio cómplice.
Denuncia.
No estás sola.
Se ha muerto mientras la han matado.

Casi 3 mujeres asesinadas a la semana en lo que va de año, una violación cada 7 horas y aún te dicen eso de “no soy feminista ni machista”. Curioso. Si no apoyas la teoría de la igualdad y declinas la de la superioridad, ¿estás oficialmente en los mundos de Yupi?

Si miramos hacia otro lado, si normalizamos comportamientos abusivos en su forma física, verbal, psicológica y laboral contra nosotras; si pasamos por alto la violencia machista, comenzamos a formar parte del problema.

Nos pagan menos pero, al menos, tenemos trabajo. Nos pegan porque algo hemos hecho mal o, con suerte, sólo tienen un mal día. Nos violan porque les hemos provocado. Y no nos acosan verbalmente, sólo son cumplidos, loca. Loca del coño, por supuesto.

Pero no.

Nos pagan menos porque nos consideran menos válidas. Porque nos prefieren en casa.
Nos agreden porque nos creen suyas y, como parte de su propiedad, estamos sometidas a ellos.
Nos violan porque nos han cosificado.
Y nos piropean desagradablemente por la calle, buscando humillarnos y reafirmar su control sobre nosotras. ¿O creéis que los de los “cumplidos” esperan que tras su berrido os deis la vuelta y os lancéis a sus brazos? No, nos están diciendo todo lo que pueden hacernos sin que podamos rechistar.

Pero hay formas de evitarlo. En la educación. En tu casa. En la escuela. En el parque. En la legislación. Con tus ojos bien abiertos y tu boca nunca cerrada.
Nunca es demasiado pronto para educar en igualdad real.

No miremos hacia otro lado. Lo que da miedo no es el feminismo. Lo que da miedo, es un país en el que una huelga de hambre de mujeres que luchan por la reforma de una ley inútil que las desprotege, no abra los telediarios. Lo que da miedo es la ausencia de debate sobre la violencia machista entre el Gobierno y la oposición. Lo que da miedo son las 21 mujeres asesinadas lo que va de 2017 en España y que algunos hoy se estén aún preguntando por qué el Día de la Mujer.

No estamos de celebración. Pero nos queremos. Y nos queremos vivas y libres.

Mis costuras.

Estoy hecha de momentos que no conoces.

Cosida en hilo que se anuda en las punzadas para evitar romperse y que nunca corta si no muerdes.

Hilo de mil colores que a veces brota lana que algún gato quiso arañar.

Estoy hecha de días de sol. De lápices sin afilar. De mensajes en tela que chillan fuerte en mi nombre.

Me cosí en púrpura en un intento de manar luz en la oscuridad.

Estoy hecha de aquella niña que se sentaba en las alturas y observaba anonada a la gente sin juzgar.

Estoy hecha de kilómetros y milímetros. De agua dulce. Cosquillas en la cama. Bebidas rojas. Y noches de estrellas.

Y mis costuras aprietan fuerte, pero siempre van flojas para los demás.

Estoy hecha de trozos de tiempo prestados, de otras historias.

Y me he cosido cremalleras para que sea tan fácil salir como entrar.

Mejor no deshacerme.